16.6.15

Escondite


Existen momentos en los que, como personas y escritores, nos saturamos y sentimos la necesidad de gritar basta. Aborrecemos nuestros míseros problemas y nuestra rutina; nos hartamos de todo, incluso de nosotros mismos.

Son esos momentos en los que necesitamos escapar de la realidad y escabullirnos entre las sombras para evitar ser vistos. Corremos y desesperamos por olvidar, un tiempo al menos, todo aquello que nos atormenta y hace de nuestra breve existencia una amargura.

Es por ello que necesitamos encontrar un espacio en el que sentirnos libremente acompañados por nuestro propio cuerpo. Ese lugar es íntimo y se esconde en lugares inhóspitos y oscuros. Sin embargo, pese a que la humedad puede llegar a ser asfixiante, podemos respirar pureza y paz… Sentir el calor abrasador de nuestro corazón y con él, dormirnos en un apacible sueño.

Pero no siempre podremos estar en ese peculiar lugar, más que nada porque no somos nosotros quienes determinamos el cuándo ni el cómo. No tenemos tal poder, pues somos polvo de estrella. Simplemente nos dejamos llevar hasta que llega un punto incógnita que nos sumerge en el modesto paraje natural.

No, tampoco habrá forma que los demás accedan a ese lugar junto a ti. Es imposible porque cada persona es un mundo…, y todo mundo necesita de un paraje remoto de acuerdo a la persona.


Porque la soledad no sirve tan solo para reflexionar sobre tus miserias, también vale para flotar entre las tranquilas aguas y resurgir, con más fuerza, cuando estalle otra vez la tormenta.

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