7.7.15

Niebla

La espesa niebla se esparcía, atrevida y misteriosa, sobre la superficie del agua. Era una noche tranquila; el cielo estaba estrellado y el bosque que rodeaba el ancho río producía un sonoro silencio natural.

En una de las orillas había un hombre castaño de mediana edad. Estaba sentado y, a su alrededor, había una gran cantidad de maletas de cuero tosco y viejo.

La presencia de aquel individuo contribuía al silencio del lugar. Con la mirada puesta en un horizonte que no se dejaba ver, parecía que esperaba a que algo o alguien pasase por allí.

Y fue cuando entre la niebla se vislumbró una luz amarilla que a medida que pasaba el tiempo se iba aclarando y engrandeciéndose. Era una barca y, sobre ella, había un ser extraño. Era un hombre canoso cuya cara estaba cubierta por una máscara de porcelana que dibujaba una frívola sonrisa.

–¿Dónde te llevo, muchacho? –le preguntó, con un tono de voz ronco, nada más detener la embarcación en la orilla.

–Llévame lejos, llévame allá donde la sociedad no necesita corromper al hombre –respondió el hombre mientras cargaba cada una de las maletas.

–Cárgalas todas, allá donde nos dirigimos dejarán de ser tu yugo –le dijo el hombre menudo–. Por cierto, soy Khárôn, hijo de Érebos y Nyx.

El otro no respondió, miraba cada una de las maletas con furia y hasta estuvo a punto de darle un puntapié a la más grande, a la decepción.


Y tan deprisa como llegó, el barquero remó hasta desaparecer en la niebla, dejando al paraje exento del silencio que producía la deshumanización.


4 comentarios:

  1. Ha sido un verdadero placer descubrir este relato, André, te lo digo de verdad. Tu puntuación es magnífica, la redacción clara y muy pulcra. Si tuviese que darte un consejo, sería el de cuidar la adjetivación, veo que te gusta describir mucho y es un arte difícil en el que sin duda empiezas con muy buen pie. Y si el texto ya me gustaba, los nombres escogidos han enamorado mi corazón clasicista. Te deseo mucho ánimo y mucha suerte en el mundo de las letras y los versos, y espero que nos encontremos más a menudo.

    Un frío beso,

    Emily

    ResponderEliminar
  2. He de confesar que antes de publicar el microrrelato había mucha más descripción, pero la vi innecesaria para la brevedad del relato. Ains... *^* No sé qué decir en verdad, un placer que te haya gustado.

    Un abruzo, querida^^

    ResponderEliminar
  3. La verdad es que puse mi pie virtual en tus dominios de literato bloggero por primera vez con el cosquilleo inconfundible de una terrible curiosidad en la planta. Y fuese lo que fuera lo que esperaba encontrar, no tiene nada que ver con esto. Has desbordado mi pozo de expectativas con creces, señor André. Si me permites que parafrasee a Neruda, uno de mis poetas favoritos, confesaré que en la red de tus letras me he quedado presa, y tus redes de letras son (o al menos eso quiero creer) anchas como el cielo. Espero con ansia entradas futuras, te has ganado una lectora incondicional.

    Saludos salados,
    海♡

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me vas a permitir ser menos formal y agradecerte de buen grado que te hayas pasado por aquí, sinseamente' soy un poco patán para agradecer las cosas.

      Sin embargo te diré que tu comentario es como una ansiada rosa en un jardín de estiércol.

      Eliminar