28.12.15

Mil nominaciones a Best Blog

No tenía previsto volver a hacer esta clase de entradas, si os soy sincero. Creo que con esta es ya la tercera vez que elaboro esta especie de tag que nunca termina por gustarme. Sin embargo ya me han nominado tres o cuatro veces en lo que llevamos de semana y bueno, pensé que era un momento propicio para abrir un poco mi corazón a aquellos que leen o han leído mi blog.

Agradecer también a las personas cuyo comentario ha sido persistente y me ha convencido: Yanira Galán de El segundo día del resto de tu vida, Edna María de Hojas en el ático y María José Ibañez de Por historias sin triángulos amorosos.


Dado que entre las tres suman un gran número de preguntas y yo, personalmente como lector, no puedo responder a algunas porque van dirigidas a una clase de lector de la que no formo parte; he decidido escoger de entre las tres las once.


(Lo siento, y no he dicho lo anterior con intención de discriminar, pero no es que lea mucha literatura comercial o del plan: chico malo o chico bueno, citas y amores...)

Once cosas sobre mí:

1. Soy Andreu, tengo cinco dedos en cada mano y en cada pie.
1. Ahora enserio, soy Andreu y ya tengo los diecisiete años.
2. Juego a fútbol americano.
3. Me encanta el ajedrez y odio las damas.
4. Me gustaría estudiar la doble titulación de Sociología con Ciencias Políticas.
5. Mis lecturas están fuertemente marcadas por la biblioteca que tengo de serie a casa, es decir, no tengo la literatura comercial que todo el mundo tiene y adora.
6. Tengo juvenil pero es una minoría en un estante.
7. Lo más actual suelo leerlo en ebook. (En plan... Juegos del hambre, por ejemplo)
8. Soy de los que piensa que tener dos veces el mismo libro porque son ediciones distintas es una estupidez.
9. No me afectan tanto los libros como parece que a todos les afecte.
10. Me considero original pese a que se me están acabando las ideas sobre qué decir de mi persona.
11. Soy vago, razón por la que paso de responder 33 preguntas.

Once preguntas:

1. ¿Cuál es el peor libro que has leído? (Edna?
He intentado leer After, el primero, y es el peor con diferencia. Y suerte que no me gasté dinero con él..

2. Termina la frase: Los libros son... (María José)
Los libros son o pueden ser de todo para la persona; pero ahora sí, depende del libro y del propietario qué utilidad tenga la lectura.

3. ¿Cuál fue el último libro que leíste? (Yanira)
Pues hace poco he terminado con "El pianista" de  Manuel Vázquez Montalbán. Muy recomendable.

4. ¿Eres mejor hablando o escribiendo? (Edna)
Depende del contexto; hablar da más juego a la improvisación mientras que al escribir tienes un margen para pensar el qué y el cómo. Hablar.

5. ¿Prefieres leer impreso o digital? (Edna y Yanira)
Prefiero libro, por supuesto, pero hay libros que no puedo leer en físico (ya sea porque están descatalogados o no han llegado a ser impresos)

6. ¿Invierno o verano? (Yanira)
Me gusta el frío, el cielo nublado... No sé, me pone de mejor ánimo. Además, el sol y el calor me agobian mucho.

7. ¿Qué libro desgarrarías página por página? (María José)
''Las raíces del mal'' de Roberto Constantini. Más por la trama que porque esté mal.

8. Frase que te ha marcado: (María José)
La leí en el libro que tanto odio y resulta ser un trozo de la canción ''Bird on the wire'' de Leonard Cohen:    
Like a bird on the wire
Like a drunk in a midnight choir
I have tried in my way to be free

9. ¿Te gusta Harry Potter? (Yanira)
Sí, pero no tanto para considerarme fan. Es más, tanto rollo de si Harry Potter esto o lo otro me está empezando a crear repulsión hacia los libros.

10. ¿Tienes proyectos de escribir un libro? (Edna)
No es mi principal objetivo, aunque no estaría mal.

11. ¿A qué te dedicas?
Segundo de bachillerato.

Y eso es todo damas y caballeros. Paso de hacer preguntas porque tampoco voy a nominar a alguien... Tampoco es que se me ocurra alguien.

Gracias de nuevo a las tres.




27.12.15

Un día de cólera - Arturo Pérez-Reverte

Ficha técnica:


Título original: Un día de cólera.
Autor: Arturo Pérez-Reverte.
Editorial: Alfaguara
Nº de páginas: 408 págs.
Fecha publicación: 2007.     


Sinopsis:

¡A las armas! ¡Que no quede un franchute vivo!... Es la mañana del 2 de mayo de 1808 y los gritos que recorren Madrid llaman a la revuelta. Un insensato conato de rebelión contra la ocupación napoleónica, cuya fatídica suerte acabará escribiendo con la sangre derramada por decenas de valientes hombres y mujeres del pueblo.


Crítica:

Como bien dice la sinopsis, la acción de la novela se desarrolla completamente el dos de mayo de 1808. Un día conmemorativo en la historia de España dado qué marcó un antes y un después en la orientación política, social y económica de la misma. Día en que prendió la llama de la revuelta de un pueblo adoctrinado por curas y partidarios de un rey bastante inútil (Fernando VII) contra tropas del imperio napoleónico.

Es una novela histórica muy detallada que estoy seguro que ha necesitado de un gran esfuerzo y trabajo de documentación para evitar el más mínimo error y reflejar ese momento histórico de la forma más fiel posible.

El narrador está en tercera persona, pero se va moviendo constantemente de un lugar a otro para darnos una visión global del panorama y de qué forma lo vivieron las distintas clases sociales de la época. Los acomodados intranquilos pero en sus respectivos hogares, una clase baja subversiva y caritativa, rangos bajos del ejercito incitados a batirse mientras que sus superiores prefieren mantenerse neutrales al conflicto... Lo de siempre.

Aunque sí bien es cierto que muchas veces la acción nos la sitúa en el parque de artillería de Monleón (dado la importancia que tuvo su resistencia ante los franceses) donde podemos incluso a simpatizar con alguno de sus protagonistas; como Daoiz, por ejemplo.

La narración es fluida y el vocabulario completo. Quizá no es todo lo ameno o rápido a lo que tengo acostumbrado (hay que tener en cuenta la enorme cantidad de información y nombres que hay ahí metida) pero no llega a cansar o a parecer aburrido. Por no decir que hay una variedad de registros en los diálogos caracterizando a todos los personajes.

En definitiva, es muy recomendable leerse este libro. Es una lectura enriquecedora que si bien no es la mejor del autor, tiene un valor histórico considerable y sabe guardar un equilibrio en reflejar sin aburrir lo más mínimo.

23.12.15

La última palabra - Hanif Kureishi

Ficha técnica:


Título original: The Last Word.
Autor: Hanif Kureishi
Editorial: Anagrama.                                     
Nº de páginas: 295.
Fecha de publicación: 2014.


Sinopsis:

Dos escritores, dos generaciones, dos formas de enfrentarse al mundo. El artista consagrado y el autor primerizo que asume la redacción de su biografía ansioso por hacerse un nombre. Y en el transcurso de la relación que paulatinamente van cultivando, obligados por las circunstancias, los claroscuros de sus respectivos caracteres dejarán al descubierto que la paulatina fama es una ilusión.


Crítica:

Hanif nos sitúa bajo la piel de Harry, un escritor primerizo que acepta el biografiar a un autor de renombre para ganarse un puesto decente en el panorama literario del país. El biografiado es Mamoon, un escritor de origen indio que en su tiempo tuvo una gran relevancia como novelista y ensayista. 

Pero esto era pasado, en el tiempo en que se desarrolla la obra, el autor indio está perdiendo influencia y sus obras cada vez son menos reconocidas. Es por este motivo, que el autor con un aparente renombre, acepta que le hagan una biografía.

Es entonces (el momento en el que Rob le dice que le han dado el visto bueno para empezar con el proyecto) cuando se traslada a vivir en la mansión, en mitad campiña inglesa, donde vive el escritor junto a su esposa Liana.

La trama principal de la obra se basa en una constante lucha  de un Mamoon que prefiere no remover el pasado y olvidar todas las experiencias vividas contra un Harry que trata de desmantelar al completo su vida personal y profesional a través del diario de su malograda primera esposa y comentarios tanto de sus amantes como de los principales conocidos del autor.

Esta relación de contrarios, esta lucha dialéctica lleva a Harry al extremo, haciéndole recordar su propio pasado y a cuestionarse asuntos que antes daba por sentenciados. Descubre que tras la gran fama del indio hay una gran sombra que lo oscurece: su primera esposa se vuelve loca, su amante americana le acusa y el servicio que tiene contratado se refiere a él como un sádico. Al mismo tiempo, Harry se delatará, en un acto de reconocimiento de su ser propio, como un depredador sexual emocionalmente inestable.

Es un enredo serio que nos muestra que la fama es perentoria y poco a poco se va marchitando más y más. Esta obra supone una sátira a la literatura misma, pues aparte de la fama surgen diversos temas referente a escritores de renombre, a temas que trata la literatura o la precariedad de calidad en la época contemporánea.

Tampoco hay que tomarse la obra de una forma tan seria como creo estar planteándola, tiene cierto rasgo de comedia de enredo dentro de lo que cabe. Si bien porque hay personajes estrafalarios y de clases bajas como la madre y el hermano de Julia, también hay una descontrolada actividad erótica de los personajes.

En conclusión, es una obra completa. Tiene rasgos graciosos al mismo tiempo que trata temas serios sobre el reconocimiento, la literatura, el amor, el sexo, el pasado... Por no decir las referencia a muchos autores así como una narración amena pero adulta.

22.12.15

Pangea - Naviblogger 2

Lista de participantes

Tiró de la gruesa cuerda torcida como había acostumbrado hacer desde que dirigía la compañía de teatro local. Ya era muy lejano ese día, hace treinta años, en el que aceptó llevar las riendas del pequeño colectivo.

Al principio levantaba aquel viejo telón alemán sin cansarse ni lo más mínimo, haciendo de ese acto algo elegante y digno de contemplar. Sin embargo, con casi ochenta años a la espalda, a duras penas le quedaban fuerzas para levantar el contrapeso del otro extremo. Pero lo hacía de todas formas, lenta y torpemente, pero con los mismos resultados.

Ningún actor se preocupaba por él. No le pedían que dejase de ser el telonero ni siquiera le incitaban a dirigir los ensayos y a escribir guiones. Porque, a fin de cuentas, ese era su sueño desde la infancia. Había incluso individuos que dedicaban chismorreos o miradas de reproche a su progresiva incapacidad de hacer una labor manual.

Hoy era un día como cualquier otro. A la hora de siempre, tras un par de gotas de sudor, el anciano marcaba el inicio del último ensayo antes de la representación. Abierto el telón y limpiado el sudor con un pañuelo de seda, tomó asiento en una prestigiosa posición central desde la cual lo veía todo.

En medio del escenario había un escritorio y un par de butacas de cuero viejas de segunda mano. El fondo lo formaba un conjunto de paneles que, pintados por él mismo, daban la impresión de ser una vasta biblioteca de alguien adinerado.

 –He dicho que no  –sentenció un joven adulto que llevaba tres gorras puestas sobre la cabeza mientras, a paso rápido, entraba en escena.

 –Venga por favor, dame una aunque sea  –se quejó otro, menor que el  primero, siguiéndolo–. ¡Si ni tan siquiera te hacen falta!

–Búscate otra entre los baúles –le indicó con un poco de repulsión, poniendo la vista en el horizonte y mirando al anciano –. ¿Así te parece que está bien?

El anciano no le respondió con palabras; no valía la pena. Frunció el ceño con desaprobación y ladeó su mirada hacia un extremo del escenario del cual salían otros personajes: un cincuentón vistiendo un traje ceñido, una niña pirata cuya ropa le venía demasiado grande y un joven descalzo.

 –Yo ya estoy, menos mal que ninguno de esos lerdos se ha atrevido a ponerse mi indumentaria –rechistó apoyándose con el escritorio. De su bolsillo sacó un peine y empezó a echarse el engominado pelo hacia atrás. Tampoco es que tuviese muchos cabellos, pero estos eran suficientes para ocultar la coronilla–. ¿Vamos a empezar pronto? Una persona no tiene todo el tiempo del mundo por…

–Anciano, dile a Carlota que a ella le toca ir de escolar y a mí de pirata –replicó un preadolescente con voz aguda y desafinada.

 –No me interrumpas, mocoso –el hombre hizo ademán de coger al muchacho de la oreja pero éste, más rápido y ágil, se escabulló de su mano y se dirigió a la niña.

 –¡Déjame estar, bobo!

La niña corrió para esconderse de su compañero, sin embargo tropezó con el bajo de los pantalones y cayó de morros sobre el parqué de roble. Manifestaba su agonía mientras de sus fosas nasales salían mocos con un poco de sangre. Lloraba desconsoladamente mientras a duras penas abandonaba el escenario. Y aun sin estar en él, sus lloriqueos retumbaban en el recinto.

–Eso te pasa por cabezota, Carlota –dijo una voz femenina, al fondo, cuyo rostro no se podía ver.– Daniel, ¿has encontrado los zapatos?

 –Claro que sí, ¿no ves que los llevo puestos? –rió, irónico, señalando la desnudez de sus pies.

El anciano anotaba sin cesar los numerosos errores de organización para distraerse ante aquel panorama tan mediocre. No pudo contener varias de las lágrimas de impotencia que asomaban, traviesas, por unos vidriosos ojos claros y verdes. No había nada que hacer, la representación sería un desastre y él… Él sería el hazmerreír del pueblo.

 –Bajad el telón, por favor –sentenció con la voz sesgada de rabia.

Por primera vez todos se daban cuenta de que el anciano estaba allí contemplándoles. La niña paró de llorar, el cincuentón contempló al anciano dejando a un lado su cabello e incluso los actores que aún estaban por vestir asomaron su cabeza. Perplejidad e incredulidad, era lo que trasmitían esos tensos rostros.

 –¡Pero si todavía está por llegar la mitad del reparto!

 –He dicho que bajéis el telón, abandono esto.

Tan solo el silencio era acompañante de la resignación del mayor. Estaba enfadado y aun así no parecía estar dispuesto a gritar ni imponerse. Había vivido mucho y poco le quedaba por vivir. Se levantó tranquilo. Triste. Y salió lentamente por una de las puertas de emergencia para así no llamar la atención al personal del ayuntamiento que ocupaba el recibidor y el puesto de información turística.

Al día siguiente, el anciano, fue para ver qué tan bien realizaban la actualización sin él y sus consejos. Ni tan siquiera se sentó en la butaca que tenía reservada por ser el director de la obra. Se quedó escondido en el oscuro fondo del teatro, entre el público, observando atentamente que nadie lo reconociera. Se percibía en el ambiente una gran curiosidad e interés por ver qué había preparado un colectivo local que llevaba años inactivo o tomando un papel pasivo en la fiestas patronales; como mucho.

Se abrió el telón. No había absolutamente nada; ni una pizca de la decoración que teóricamente habría según lo acordado. Lo más probable –pensó nuestro protagonista– era que Juan, el cincuentón que formaba parte de la aristocracia local, había llamado a su hijo para llevárselo todo de nuevo al almacén. Porque, de hecho, todas las inversiones a la compañía salían de su bolsillo.

El anciano no pudo evitar soltar una irónica carcajada la cual se oyó, quizá demasiado, e hizo girarse a un buen grupo de personas que entre confundidas e indignadas no estaban del mejor humor para aceptar burlas. Sin embargo pronto se les pasó y volvieron a prestar atención al frente.

Lamentable. Por un momento el director había tenido la esperanza de que aquel grupo heterogéneo de actores habría escarmentado con lo sucedido el día de antes  e intentaría en la medida de sus posibilidades ofrecer un ocio decente. Para nada, quién es desgraciado lo sigue siendo aunque tenga el cambio ante sus ojos.

 –Lamento comunicarles que debido a falta de personal la representación de Pangea ha sido cancelada.

Una ola de abucheos estalló en el recinto sin dejar a la misma voz proseguir con sus disculpas y lamentaciones. Estaban enfadados. Y con razón. Habían pagado un dinero por la entrada y se sentían timados y cachondeados. O al menos eso es lo que toda persona siente cuando paga para nada.

Y en plano más personal, contar las enormes ayudas de publicidad que les había proporcionado el ayuntamiento, el tiempo dedicado por los actores y por él. Eso no lo iban a recuperar nunca. Todo perdido.

La muchedumbre empezó a abandonar el recinto de forma ruidosa y aglomerada. Seguían silbando y de vez en cuando se oía un: chorizos, sinvergüenzas. Era todo muy lamentable, muy caótico pese al aparente orden. Y sin embargo, tras otro fracaso, el anciano sonreía en un mar de rabia porque la esperanza de mejora es el peor y el mejor de los regalos que uno se puede llevar tras otra fraudulenta experiencia.



13.12.15

#1 Martha

Despertó sobresaltada en un blanquecino banco de granito. De forma extraña apreció allí, en ese misterioso lugar. La anterior noche había sido como cualquier otra y se había acostado donde toda persona normal suele hacerlo: en su casa y en su cama. Se encontraba en una plaza desconocida y bastante singular, acompañada por el silencio de un escenario inerte y carente de brillo. No corría una pizca de viento y el frío seco marcaba el inicio de invierno.

Las fincas que envolvían el lugar se alzaban como antiguos pilares de la historia y compartían un color blanquecino y desgastado. Sobre las necesitadas de una mano de pintura se alzaba un cielo nublado y oscuro que amenazaba con tormenta.

–¿Dó… Dónde estoy? No, no puede ser real. –se dijo a sí misma, para no perder la calma, mientras se quitaba las legañas de los ojos.

Se pellizcó varias veces para asegurarse que no soñaba, se miró de forma insistente los brazos y los pies. ¿Cómo podía haber llegado hasta allí? Pese a que intentó hacer memoria, no recordaba haber visitado nunca un lugar parecido, y eso que había viajado con sus padres a una infinidad de pueblos cuya existencia es anónima para una mayoría.

Se reincorporó y dio varias vueltas en círculo, percatándose de los numerosos dibujos que había trazados en el suelo: citas, caricaturas satíricas, tres en rayas… El suelo de la plaza, en conjunto, era una especie de tablero de ajedrez; un ocho por ocho que abarcaba cada recoveco. Los garabatos dibujados, con mano experta, eran blancos sobre los fondos negros y negros sobre los fondos blancos.

Una vez acabó de observar el alrededor, fue llamando puerta por puerta para ver si alguien podía orientarla. Al principio intentaba mostrarse serena y paciente, pero a medida que se daba cuenta de que nadie le respondía empezó a alarmarse. Golpeaba incesantemente a las puertas, hasta incluso fundió varios timbres. Nada, parecía que nadie le hacía caso porque por aludidos podían darse todos con esos gritos y ese ruido. ¿Y si el lugar estuviese abandonado? Era viejo, sí, pero no daba esa impresión.

Tras unos minutos de exploración Martha llegó a la conclusión de que seguir en esa plaza no le servía de nada, la única alternativa que le quedaba era tomar una dirección y pasear por aquel pueblo. Vaciló un poco, pues temía hacer el ridículo yendo con un pijama de dibujos animados y unas zapatillas de ir por casa.

Al final abandonó los complejos y los apartó a un lado; no era momento para comportarse de forma estúpida. Sin embargo, para bien o para mal, cuando encorajada y sin vergüenza se disponía a partir de allí de forma decidida, Martha escuchó numerosos pasos débiles y ágiles acompañados de un griterío agudo. Desconocidos, sí, pero en definitiva: humanos.

 –Vamos Greg, ¿no quieres la pelotita?–dijo una vocecilla aguda pero prepotente.

–No la quieres, ¿eh, eh?–repitieron otras tantas.

–Claro que la sí, Thomas. Dámela o me chivo a mi mamá.

Tras la chica apareció, correteando y destruyendo el silencio, un grupo de niños pequeños de entre nueve y diez años. Un grupo homogéneo en cuanto a sexo pero que sin embargo presentaba una diversidad bastante curiosa de complexiones.

Thomas y sus secuaces, aparte de que estos dos eran más anchos, eran altos. Pero el pobre que rogaba que le devolviesen la pelota no era más que un ser diminuto de pelo azabache y con una vestimenta que le venía grande.

–Cógela.

El grupo de tres niños empezaron a pasarse la pelota unos a otros, lo suficientemente alto como que para impedir que el pequeño consiguiese capturarla. Saltaba, impotente, emitiendo ciertos gemidos de queja y resignación. Martha estaba un poco aturdida al mismo tiempo que una pequeña parte de su ser sentía indignación y empatía por la víctima.

Desconcertada porque parecía que los pequeños no se habían percatado de su presencia. No le habían hablado, que dentro de lo que cabe, no es extraño; pero ni tan siquiera se habían molestado en mirarla aunque fuese un segundo.

Un mal pase de uno de los grandullones se desvió hacia un lado permitiendo al azabache recuperar su juguete. Cogió la pelota y se aferro a ella, no sin dar un par de pasos atrás para salvaguardar la distancia con sus acosadores.

 –Déjanosla de nuevo, Greg.

 –No, seguro que no me la devolveréis.

Martha, que hasta ese momento se había dedicado a observar el panorama mientras se acariciaba su corta y castaña cabellera, decidió intervenir para evitar que la situación no fuese a más y para no prolongar su desconcierto.

 –Perdonad, ¿dó… dónde estamos? –intervino la castaña al mismo tiempo que se interponía entre los abusones y la víctima.

Sin embargo, y para sorpresa de ella, ninguno le respondió o se percató de que una figura de carne y hueso los separaba. Seguían intercambiándose miradas y amenazas como si aún pudiesen verse a la perfección.

 –Hola, ¿me oís? –Martha se inclinó para lograr ponerse a su altura y así obligarles a mirarla a la cara, pero ninguno aludió a ella, a su presencia o a su pregunta.

 –Greg, eres un hijo de puta –soltó uno de los grandullones al mismo tiempo que atravesaba a Martha con un brazo para golpear al menor.

El pequeño, más rápido que este, esquivo su brazo y salió corriendo por la única callejuela que conducía afuera de la plaza. Los otros tres como llegaron se fueron tras el dueño de la pelota y  dejando en Martha una cara de perplejidad absoluta que no había forma alguna de justificar. ¿Era invisible para esos niños o esos niños eran inmateriales para ella? Sea cual fuere la respuesta, le dejaba un mal sabor de boca pensar que si no la habían percibido en absoluto, quizá nadie del lugar lo hiciese. Y por tanto no pudiesen socorrerla.

 –¡Maldita sea, seguro que es un sueño!

Gritó angustiada porque aun sabiendo que soñaba no conseguía despertarse, era todo tan extraño; se sentía viva y físicamente en el lugar, experimentaba el tacto con las paredes o la leve comodidad que le proporcionaba volver a sentarse en el banco.

Pero allí estaba; apunto de coger un catarro, sintiendo el frío en cada rincón de su cuerpo y sin esperanza alguna de que algo o alguien la sacara de esa cárcel… Cárcel, que mejor nombre ponerle a ese lugar cuadriculado del que salir no servía de nada y cuya vida dentro de él era bastante relativa.

De pronto sintió una especie de pinchazo en la sien, otro, otro y otro más. Todo empezó a dar vueltas sobre ella. Se repuso las gafas. Todo seguía dando vueltas, cada vez más deprisa. Era un mareo muy vertiginoso y una especie de negro empezaba a cubrir el fondo.

Llego a un punto que ya no supo cómo reaccionar. Se tumbó. El dolor de cabeza persistía pero el mareo se hacía cada vez más leve, más y más leve; pero aun así presente. Pestañeó.

El fondo se hacía negro progresivamente. El oscuro color fue cubriendo el cielo y con él la visibilidad de todo aquello que rodeaba a la chica. Todo cayó ante las tinieblas y la penumbra en escasos segundos. Martha se sentía sola, asustada.

Ya no estaba sentada sobre un banco, o al menos eso es lo que parecía. Ahora estaba sentado en el suelo de un vacío que se extendía hasta el infinito por todas las direcciones. Ningún color salía reflejado, se habían escondido ante la falta de sol y el predominio oscuro.

Sintió un crujido bajo su cuerpo, era o parecía un vidrio. Volvió a oír el crujido, esta vez más fuerte. Para cuando quiso levantarse aquello sobre lo que estaba sentada ya se había roto y había hecho que Martha cayese a una gran velocidad por un pozo. Y cayó, cayó… y siguió cayendo aunque suplicara y llorase de miedo,  se mantuvo cayendo todo el tiempo al que alcanza su memoria.


De repente, despertó.

8.12.15

Sonata de primavera - Ramón de Valle-Inclán

Ficha técnica:

Título original: Sonata de Primavera.
Autor: Ramón del Valle-Inclán.
Editorial: Alianza Editorial.
Nº de páginas: 134.
Año de publicación: 1904.  


Crítica:

Sonata de primavera nos sitúa sobre la piel del Marqués de Bradomín el cual tiene por encargo entregarle una carta papal al obispo de Ligura. Sin embargo, al llegar, el eclesiástico se encuentra bastante enfermo y la silenciosa muerte lo acecha. Durante su estancia se enamora de una de las hijas de la princesa y tal muestra de afecto le provoca un problema en más de una ocasión.

La acción se desarrolla, durante toda la obra, en un deslumbrante palacio renacentista con una profunda decoración, un jardín laberíntico, grandes salones y fuentes de nobles mármoles.

El autor nos retiene en un ambiente bello, despreocupado, lujoso y completamente ajeno a nuestra realidad. Su atención hacia el paisaje va más allá del descripcionismo realista; se trata de expresar la emoción ante él. Además que Valle lo sobrecarga de literatura y arte clásicos.

Respecto a los personajes; el marqués aún es joven y en ciertos puntos de la obra muestra un ingenio respetable, pero por otro lado, su lado más donjuanesco me resulta bastante repulsivo. Si bien al principio se muestra gallardo ante la antipatía que le muestra la princesa o el mayordomo, es capaz después de salir airoso de cualquier accidente.

María Rosario es una mujer educada desde un primer momento por la doctrina cristiana católica. Y poco a poco irá identificando al marqués (debido a su tosca insistencia) con el diablo. Se demoniza la atracción sexual y el punto más alto es cuando fallece una de sus hermanas por accidente.

Todos los personajes - princesa Gaetani, mayordomo, el marqués, las viejas y los eclesiásticos- comparten una profunda religiosidad y una aspiración a la pureza. Aunque, quitando a las hijas de la princesa cuyos pensamientos son frutos de la ignorancia, se muestran bastante hipócritas cuando su egoísmo u odio es mayor.

Es una gran obra, sin duda. Tiene una narración limpia, clara y melódica que hace que la lectura, pese a estar sobrecargada de detalle, sea amena y rápida. Aun así, personalmente no puedo decir que me haya fascinado. Independientemente de su calidad mis tendencias literarias no corresponden con las sonatas.

1.12.15

Coleccionista de palabras

Ya sé que últimamente estoy bastante ausente y tengo el blog un poco dejado de lado. Bueno, cosas de la vida; segundo de bachiller y extraescolares no me dan demasiado tiempo para pensar en qué subir cada semana.

De todas formas sigo vivo y os traigo una serie de citas literarias (o no) que tengo escritas en mi libretita de notas:


Los humanos tienen miedo a la oscuridad pero a la vez nos dejamos fascinar por ella -Godot, Ace Attorney.

Mi verdadero valor es algo que solo puedo determinarlo por mí mismo -Miles Edgeworth, Ace Attorney.

Las haciendas mueren, los linajes mueren
y tú, igual que ellos, vas a morir.
Yo solo conozco una cosa que viva por siempre
la fama que por sus hechos deja el muerto. -Metro 2033

Y si soñamos, fue con realidades -Juan Cuntra.

Pero el reconocimiento de que una necesidad sea perentoria, no siempre significa que la solución sea inminente -Ramón Budiño.

Hay quienes abrazan sombras nada más; esos solo conocen la sombra de la felicidad -Shakespeare.