11.1.16

A tu misma altura

Pasea descalzo, pasea desnudo
el claro cielo del mediodía.
Receloso de ti, avergonzado de sí
al ver(te) y notar tu omnipresencia.

Él vive en la agonía de la envidia
por no saber ser tú, por no ser tan claro
como los ojos con los que me miras.

Que te rindan homenaje las clásicas musas.
Desde Calíope a Urania, desde su poesía
a su música. ¡Qué se estiren de los cabellos!
Por no tenerlos tan finos y dorados como los tuyos.

Ellas perecen eternamente en la tristeza
por no saber ser tú, por no tener ese rostro,
tan bello, con el que me hipnotizas.

Que tiemble la muerte y sus inexistentes labios.
Labios que dan gélidos besos. ¡Qué tiemble he dicho!
Pues ha llegado contigo y hacia mí
el carnoso y cálido beso de la vida.

¿Qué puedo hacer yo, triste mortal, ante tu presencia?
¡Grito y lloro y desespero! Tan solo me queda,
tan solo es impotencia lo que me encadena.
Por no saber ser para ti, a tu misma altura.

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