10.10.16

Relato tópico


Entraron ambos al ascensor con una aparente normalidad. Pero, tras apretar el botón para subir a la planta de las suites, se abrazaron uno al otro con desenfreno y empezaron a besarse. Él sentía en el vientre el tacto de sus grandes y duros senos que se mantenían bien sujetos; excitándole como a cualquier otro ejecutivo amargado por el trabajo.

Ella por el contrario era una desconocida en la empresa que había ido a la fiesta de disfraces con un antifaz negro. Debía camelarse a ese pez gordo como fuera. Y poco a poco, conscientemente fue metiendo mano por dentro del pantalón, desabrochándole incluso el botón con cierta elegancia.

Llegaron a la última planta, ebrios de excitación y sin cuidar la formalidad. Salieron sin apenas separarse, con el pelo desaliñado y la cara sonrojada. Llegaron a la puerta de la habitación donde se hospedaba el hombre que, pese haber sido uno de los organizadores, ni tan siquiera se había disfrazado.

Entraron en la suite y tras cerrar la puerta no esperaron ni un segundo en abalanzarse sobre la cama.
–¿Hasta cuándo vas a llevar ese antifaz? Déjame verte el rostro.

–Tú mantente como estás que ya me encargo.

Y con una risa traviesa se deslizó por encima hasta tener el pubis pegado al rostro del contrario. Sacó unas esposas de uno de los bolsillos de la chaqueta vaquera y, con la complicidad de un hombre que se dejaba hacer, le esposó ambos brazos a la cabecera de la cama.

–Te quiero, ¿sabes?

–Claro,  de eso no tenía la menor duda –respondió, tapándole la boca con cinta adhesiva–.

Se levantó y con unos movimientos propios de un felino se dirigió a la puerta; no sin enseñar antes la cartera que le acababa de robar. Y se marchó.

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